Con motivo del nombramiento de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026 por parte de la UIA-UNESCO, el equipo de Recursos Urbans (URRU) se presentó a la convocatoria de propuestas con una exposición que aborda el impacto que tiene la construcción en nuestro entorno: "LA CIUDAD RECURSO".

Fotografía: Bernat Compte Fernandez.
Las actividades organizadas en torno a este evento se dirigen al público general con el objetivo de acercar la ciudad, su arquitectura y la actividad que genera, en primer lugar, a los ciudadanos, y posteriormente a los visitantes que se acerquen a ella.
La exposición se sitúa en el Centro Cultural La Farinera del Clot, un espacio singular que encaja perfectamente con la temática de la muestra. El edificio, una antigua fábrica de harina que data de 1908, fue rehabilitado por Carles San Feliu y Josie Abascal y abrió sus puertas como espacio cultural gestionado por el Ayuntamiento de Barcelona en 1999. El propio diseño expositivo refleja la oportunidad de dar una segunda vida a la materia: las antiguas vigas de madera de las que colgaban los cartones para secarse en una fábrica de cartón se reconvierten aquí en expositores suspendidos. Estos soportes se cuelgan mediante las cuerdas utilizadas originalmente en una intervención de Josep Ferrando para el festival Lluernia en Olot (L'hort de la llum, 2022), y emplean como contrapeso adoquines recuperados de El Prat de Llobregat.

Detalle del sistema expositivo. Fotografía: URRU.

Detalle del sistema expositivo. Fotografía: Tectónica.
El recorrido de la exposición se organiza en una primera zona que presenta de manera didáctica el tema mediante datos y comparativas. A continuación, se despliega un núcleo de ejemplos reales de obras en las que la circularidad ha determinado el planteamiento del proyecto, acompañado de piezas expuestas fruto de la reutilización y el reaprovechamiento de materiales provenientes de la deconstrucción. Finalmente, un mapa muestra el ecosistema de la reutilización en Barcelona y Catalunya —despachos, artesanos, empresas de inserción y proveedores de materiales— que hacen posible la reutilización. Es un mapa vivo, abierto a nuevas incorporaciones, con códigos QR que dirigen a fichas detalladas de cada agente.
Hablamos con dos de los miembros de Recursos Urbans, Maria Afxentiou y Pol Miret, quienes explican los puntos principales de la exposición y la propia actividad de URRU.

Fotografía: Bernat Compte Fernandez.

Fotografía: URRU.
Cada año, la construcción genera en Cataluña cerca de siete millones de toneladas de residuos. Casi la mitad de todos los desechos que produce la comunidad autónoma provienen del sector de la edificación. Y mientras otras fracciones —la industrial o la municipal— tienden a estabilizarse o reducirse, la de la construcción sigue creciendo. Son datos contundentes que, sin embargo, pasan desapercibidos para la mayoría de la ciudadanía. La demolición de un edificio ocurre de la noche a la mañana; los escombros desaparecen en camiones y rara vez nos preguntamos qué cantidad de materia, de energía y de recursos se pierde en ese proceso.
¿Por qué se genera tanto residuo? La respuesta es compleja, pero tiene una base económica: derribar no penaliza, el canon de residuos es bajo y construir obra nueva sigue siendo un destino prioritario para la inversión inmobiliaria. Frente a esto, mantener y reutilizar requiere planificación, conocimiento y un cambio de mentalidad que, afortunadamente, ya se está produciendo.
El Reglamento Europeo de Productos de Construcción (UE) 2024/3110, incluye los productos de construcción usados, que "deben ser objeto de una armonización a largo plazo mediante el establecimiento de la posibilidad de desarrollar especificaciones técnicas armonizadas particulares" siempre que el producto usado no sea residuo o haya dejado de serlo. En esta línea, la Agencia de Residuos de Cataluña ha empezado a trabajar con informes y consultorías jurídicas para estudiar cómo aplicar estas directrices: si en una obra donde se plantea un derribo se realiza un estudio previo de qué elementos están en buen estado y podrían ser reutilizados, estos dejarían de considerarse residuo para pasar a ser catalogados como productos de segunda mano. “Una cosa es deconstruir y otra demoler”.
La reutilización de materiales de construcción depende más de cómo se proyecta que de cómo se gestiona un residuo. La actividad de URRU está focalizada, entre otras cosas, en asesorar a la administración pública para que en sus pliegos de sostenibilidad, concursos y gestión general potencie la conservación y evite la producción de desechos.
En la Diputación de Barcelona se está empezando a introducir dentro de los pliegos de las licitaciones la obligatoriedad de la auditoría previa; en el caso de un concurso, los arquitectos tendrían acceso a esa información. Es una cuestión de adelantarse a las directivas europeas que reconocen la figura del ‘reutilizador’, una práctica que acabará imponiéndose porque, como comentan, todo esto está estrechamente vinculado con la salud humana y la economía local. Posee una serie de virtudes que van mucho más allá de la arquitectura y conforma todo un nuevo campo profesional por desarrollar.
Los residuos ocupan en torno a una décima parte de toda la exposición, ya que se ha querido centrar la muestra en casos reales organizados según los pasos necesarios para llevar a cabo un trabajo completo de demolición con criterios de circularidad: identificación, deconstrucción, puesta a punto, comprobación y reutilización.
El equipo de URRU reconoce que no está innovando, puesto que mantener y reutilizar era una práctica habitual hasta hace unos sesenta u ochenta años.
El método de URRU comienza mucho antes de que entre la maquinaria en la obra. Se denomina auditoría previa y consiste en un estudio pormenorizado del edificio sobre el que se va a intervenir para identificar qué elementos pueden ser desmontados, comprobados y reutilizados. No es un simple inventario: incluye ensayos de laboratorio, comprobación de resistencias, análisis de toxicidad y la generación de fichas técnicas equiparables a las de cualquier material industrial nuevo.
Con este método, se disponen de alternativas en cuanto a este flujo de materiales que, si bien implica una logística compleja, permite que los elementos que no se pueden mantener en el propio sitio —debido a un cambio de función del edificio o por otras razones— puedan ubicarse en otra edificación con esa misma función u otra distinta a través de la reutilización. Esto se realiza, básicamente, sin que dichos materiales pasen a ser residuos: siguen siendo recursos. Lo único que hay que hacer después es asegurarse de que puedan cumplir con las funciones requeridas para el futuro proyecto. Es un trabajo a medida que genera una ficha técnica equivalente a las de productos nuevos.
"Potencialmente, se puede reutilizar la mitad o más de un edificio", comentan. Y la mejor manera de reutilizar un edificio normalmente es mantenerlo, al menos su estructura. Es una obviedad, pero muchas veces no se hace".
El éxito para este equipo radica en que los materiales rescatados sustituyan a otros que hubieran sido nuevos, lo que habría generado la extracción de recursos finitos, consumo de energía y nuevos desechos.

Fotografía: Bernat Compte Fernandez.
Uno de los casos que ilustran este trabajo es la Fàbrica de Cartró, un conjunto industrial del Incasòl (la administración pública de vivienda catalana) donde Recursos Urbans realizó una auditoría para identificar elementos reutilizables antes de su derribo para construir vivienda protegida. Las vigas de madera donde se secaban los cartones, las celosías exteriores y el ladrillo de las fachadas fueron catalogados para proporcionar el manual de materiales al equipo que se encargue de la nueva promoción.
Al final, se trata de transmitir la idea de que estas auditorías previas son como un levantamiento arquitectónico, pero mucho más profundo, bajo el criterio de qué se puede desmontar, qué es viable económicamente y qué impactos ambientales genera en términos de CO2, entre otros factores. Es una información concebida para que sea útil a la hora de proyectar y para que influya en mantener más y reutilizar siempre que sea posible. Nunca se plantea en términos de máximos absolutos, sino con el objetivo de que cada promotor, cada caso y cada proyectista use esta información en función de las prioridades de su proyecto.
Después de la deconstrucción, un apartado importante es la logística: qué hacer una vez recuperados los materiales, un aspecto que explican a través de varios ejemplos.

Fotografía: Bernat Compte Fernandez.
Uno de los casos más llamativos es el de las ventanas de madera con doble vidrio rescatadas de un edificio. URRU realizó la auditoría previa, el desmontaje, el traslado y el almacenaje. Mientras tanto, el despacho AMAH recibió el encargo de intervenir en un bufete de abogados que incluía un nuevo elemento divisorio y, casualmente, el módulo de la ventana almacenada encajaba perfectamente con la superficie que había que cubrir. Las ventanas se adaptaron como mampara divisoria, una solución que no solo resultó estética, sino plenamente funcional.
En este sentido, como URRU no quería que sus propuestas se quedaran en un cajón por ser impracticables, ha extendido una red con entidades locales que les permiten almacenar los elementos recuperados hasta que aparece un proyecto que los requiera.
Este modelo tiene, además, una vertiente social fundamental. La mano de obra para el desmontaje, la puesta a punto y la adaptación artesanal proviene de empresas de inserción sociolaboral, como una asociación de El Prat de Llobregat que forma tándems de personas expertas con jóvenes en situación de vulnerabilidad, y fue la encargada de construir la mampara de AMAH. El equipo cuenta con carpinteros y soldadores. Cada material tiene su línea de trabajo, y esa actividad genera formación y una puerta de entrada al mercado laboral.
El resultado demuestra que el impacto no es solo ambiental: la reutilización genera empleo local, formación y cohesión social.
"Muchas veces estos proyectos traducen partidas de material en partidas de salarios. Generan trabajo. La gente piensa que será más caro, pero muchas veces no es así. Lo único que ocurre es que, en lugar de comprar ladrillos nuevos, lo que haces es pagar a personas y usar la maquinaria adecuada para ponerlos a punto".

Fotografía: URRU.
La exposición reúne una quincena de casos de reutilización agrupados en tres escalas: local, española y europea. Todos comparten un denominador común: el material preexistente no es un problema, sino el punto de partida del proyecto. Así se relata una obra de Martí Obiols, quien adaptó el diseño de una casa a unas ventanas que tenía localizadas de una fábrica que había cerrado; o el caso de Vora arquitectura, que en el entorno del Mercat del Born recuperó los adoquines que estaban cubiertos de asfalto y, para cumplir los requerimientos técnicos de resbaladicidad, siguieron un proceso de corte de los adoquines. Este último es un caso que tiene un especial mérito, porque al trabajar con un promotor público, cumplir la normativa con material reutilizado implica testear, ensayar y caracterizar todos estos elementos.
También se han incluido ejemplos impulsados por el IBAVI, como el premiado proyecto de Life Reusing Posidonia, así la propuesta de HArquitectes de recuperar la piedra de marés para reaprovecharla en edificios de viviendas sociales.
En Madrid, y a una escala más pequeña, Lucas Muñoz desarrolla un cuidadoso trabajo de transformación de la materialidad existente en obras como el espacio COLAB o en MO de Movimiento.

A escala europea, el recorrido incluye proyectos daneses como el edificio Thoravej 29 en Copenhague, de Pihlmann para la Bikuben Foundation, donde los forjados se transforman en escaleras, las fachadas en pavimentos o los equipamientos se reutilizan como mobiliario; o la fachada cerámica recortada y recolocada como un patchwork de Lendager. También hay espacio para Superuse Studios, un despacho con más de veinte años de experiencia en reutilización, responsable de un parque infantil realizado con palas de aerogeneradores reutilizadas.
"Estos ejemplos sirven para darse cuenta de que el ejercicio de reutilizar no es una práctica hippie ni de pocos recursos, sino que puede ser perfectamente prestigiosa, funcional y, a veces, mucho mejor que un proyecto con materiales nuevos".

Fotografía: Bernat Compte Fernandez.

Fotografía: URRU.
La exposición se completa con una serie de piezas realizadas con materiales recuperados para dar una idea muy directa de cómo se pueden aprovechar elementos ya en desuso, como una lámpara de Janis Schärfer hecha con materiales encontrados en la calle; piezas de Leleni Studio que utilizan sobrantes de marmolistas; o el taburete T300 de Curro Claret, proyecto iniciado a través de talleres con la Arrels Fundació, que a partir de un herraje construye un banco y un taburete utilizando materiales de la vía pública con la colaboración de personas que viven en la calle.

Fotografía: URRU.
Tres piezas firmadas por URRU remarcan la intención de la muestra: un panel de madera realizado con Carlos Carceller se construye con carpinterías, ventanas y tarima de suelos de diferetenes edificios. "La madera que ya ha estado un tiempo “en servicio” puede ofrecer la ventaja de estar más seca, y por tanto ser más resistente.". Un quiosco de metal hecho con elementos modulares provenientes del edificio del Colegio de Arquitectos Técnico de Barcelona (Cateb) y tejido metálico a partir de persianas rescatadas de un edificio del Ministerio de Cultura, sirve de soporte bibliográfico. Y varias baldosas de terrazo de 60x50cm contienen material cerámico o pétreo, mezclado con hormigón de cal. "Son pedazos de recuerdos unidos, con la capacidad de participar de una arquitectura representativa de nuestra época."

Baldosa de Antoni Gaudi para la Casa Battló. Fotografía: Tectónica.
La muestra se cierra con una reflexión que funciona casi como un manifiesto. Al fondo de la sala se exhibe una baldosa diseñada originalmente por Gaudí para la Casa Batlló, que se retiró del Passeig de Gràcia hacia 1997 y que permanecía guardada desde entonces en un almacén secreto. "Cuando se hicieron las obras de reforma, la administración pública obligaba a destruirlas, por el motivo que fuera. El mensaje es que esta cultura, este impulso por guardar y mantener, siempre ha estado ahí, incluso cuando estaba prohibido expresamente".
La propuesta de Recursos Urbans no es ingenua: saben que no se puede proteger todo. Pero sí creen que debería invertirse la lógica actual. "Se debería argumentar muy bien por qué se tiene que derribar un edificio, y no como ahora, que se trata de justificar minuciosamente por qué lo quieres mantener".
Comisariado: Equipo de URRU Recursos urbans –Alessandra Monarcha, Charlie Paddick, Pol Miret, Maria Afxentiou, Alfons Güell–.
Diseño expositivo: Equipo de URRU Recursos urbans
Diseño gráfico: Pol Bosacoma
Fotografías: Bernat Compte Fernandez
Localización: Centre Cultural La Farinera del Clot. Gran Via de les Corts Catalanes, 837, Barcelona. Hasta el 25 de julio de 2026.
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Publicado: Jun 9, 2026